16 de abril de 2015

¿Tiene que estar el retro presente en cualquier evento sobre videojuegos?

Aunque aún no me pueda considerar un veterano en estas lides he colaborado ya en la organización de la zona retro de dos eventos en el sur de España. En concreto, y como miembro de la asociación A.L.T.A.I.R. -mayormente conocidos por el podcast Retro Entre Amigos- he formado parte de la organización de RetroMálaga 2014 (integrada en el evento Weekend Play) y de la zona retro del pasado Weekend Play Mini de El Rincon de la Victoria. En estos eventos uno ve y escucha muchas cosas y he llegado a varias conclusiones que me gustaría compartir con todos vosotros.


Zona de juego de la pasada RetroMálaga 2014

El primer asunto que debería quedar claro es que hay que diferenciar perfectamente entre eventos retro "grandes" y eventos retro "pequeños". Aunque el retro esté de moda, el aficionado a los videojuegos clásicos es bastante exigente y no se deja engañar fácilmente. Saco este punto a colación al haber visto con mis propios ojos algún que otro evento que ha anunciado a bombo y platillo "videojuegos retro" para luego encontrar una triste exposición de una decena de máquinas mal iluminadas, sin ningún tipo de información o características a la vista y por supuesto sin poder acercarte a ellas, mucho menos tocarlas a pesar de no haber ninguna rareza entre ellas.

Esencia Commodore por los cuatro costad... espera, ¿es eso Flappy Bird?

Sin embargo no hace falta ser RetroMadrid o RetroBarcelona para hacer las cosas bien, acorde a tu tamaño. Una zona retro bien organizada y planificada, que por supuesto cuente con un mínimo decente de máquinas encendidas para uso libre por los visitantes, da valor añadido a cualquier evento independientemente del tamaño de dicha zona. No se trata de engañar a los asistentes y vender un evento como principalmente retro cuando no lo es, ni de intentar por todos los medios que venga gente exclusivamente a participar de dicha zona cuando no tienes recursos para hacer algo grande; al contrario de lo que pueda pensarse, la mezcla de retro con videojuegos nuevos crea una perfecta simbiosis que sirve para retener durante más tiempo al visitante que ya de por sí pensaba ir y dicho argumento es tan válido o más como el simplemente "atraer más visitantes" semi-engañados.

Una mesa, dos sillas, un Spectrum y una tele y ya tienes un torneo montado

A lo largo del pasado Weekend Play Mini los miembros de la asociación A.L.T.A.I.R. montamos una pequeña exposición dedicada a Sinclair con unas cuantas máquinas, así como una vitrina repleta de juegos míticos y otros no tan míticos. A su vez, en el pequeño espacio que nos dejó la organización de Weekend Play, colocamos poco más de una decena de máquinas conectadas (¡no quedó ni un solo enchufe libre en la sala!) para el disfrute de los asistentes. Después de dos días frenéticos podemos decir que sin grandes pretensiones, humildes y sin engañar a nadie, pintamos muchas sonrisas en la cara de los asistentes.

No se si como asistentes a eventos retro llegáis a prestar mucha atención al resto de asistentes. Comprendo y entiendo que lo normal cuando vas a un evento es ir a disfrutarlo y no a prestar atención a detalles. Nosotros, como organizadores, sí que llegamos a apreciar detalles, conversaciones, sonrisas y emociones que a la mayoría de asistentes les pasan desapercibidas y que en muchos casos llegan a emocionar.

Clásicos de ZX Spectrum

Se han escrito ríos de tinta sobre lo bonito que es ver jugar a chavales con máquinas más viejas que ellos mismos. En realidad la cosa va más allá aún. Ya no es solo ver a los niños -y no tan niños- disfrutar jugando a juegos que para ellos son nuevos -¡existe vida más allá de FIFA y Call of Duty!- es que es francamente reconfortante ver a un chaval de 11 o 12 años enfrentarse por primera vez a L'abbage des Morts de Locomalito, palmar 6 vidas seguidas esquivando la segunda trampa del juego -¡y eso que se puede controlar el salto en el aire!- pero verle aún así empeñado en superar ese escollo;  ver como acaba por superarlo y al final le dedica su buena media hora a intentar llegar cada vez más y más lejos hasta que sus amigos le obligan a dejar el juego para irse a otra parte del evento.

Un detalle poder tocar máquinas míticas
Tampoco tiene precio ver al típico padre sufrido, que ha sido arrastrado a un evento de críos para cuidar del hijo, cuando se reencuentra con el microordenador de su juventud. Ver como abre sus ojos como platos, se acerca a cualquiera de nosotros a preguntar si puede echarse una partida o si tenemos tal o cual juego, esperar pacientemente a que se lo carguemos con la misma cara de ilusión que 30 años atrás... Sencillamente, la satisfacción personal ante ese tipo de reacciones no tiene precio.

Pero sin duda, mi sensación favorita es observar como ese mismo padre vuelve un rato después con su hijo y le enseña la máquina en cuestión. Se van sucediendo las historias mientras explica como consiguió esa máquina o que sintió cuando sus padres se la regalaron, cuales y como eran sus juegos favoritos, quejas sobre la dificultad de los juegos antiguos... Y ver la cara del chaval, que por momentos siente una especial compenetración con su padre... Y darte cuenta que, de golpe y sin haberlo planeado, hemos ayudado a crear momentos de mayor unión entre familias.

¿Te lo paso? ¿Te lo paso? ¿Te tiro la magia?

Los anteriores son solo unos pocos ejemplos de la magia que se crea dentro de una zona retro bien organizada que no sea un simple reclamo sacacuartos. Mucho más podría hablar sobre la magia que se crea en pocos metros cuadrados con cosas tan simples como volver a escuchar ¿te lo paso? delante del mini-recreativo que montaron los chicos de Mundo Arcade o la vuelta de los corrillos detrás de una persona jugando a Maldita Castilla. Por mucho empeño que le pongan al multijugador on-line nunca podrá sustituir a una buena reunión de amigos alrededor de unos controles o a unos buenos troleos en persona al que se ha dejado cortar la cabeza en el torneo de Barbarian. Si algo me queda claro es que cualquier evento relacionado con videojuegos debería contar con su pequeña zona retro adaptada a las posibilidades de los organizadores. Así que, querido organizador de eventos, si de verdad quieres tener una experiencia completa no dudes en contactar a tu asociación de retrofrikis local: verás como la experiencia merece la pena y acabas repitiendo.

Por: José María

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