18 de agosto de 2015

Impresiones con Yoshi's Woolly World - un nuevo patrón para las plataformas de siempre

Mucho han tardado Nintendo y Good Feel en tener lista la última incursión del adorable Yoshi en la consola de sobremesa. Tras haberse anunciado prácticamente junto al lanzamiento de la máquina, desaparecer del panorama y volver envuelto en el mundo 'lanudo' que ya aprovechó Kirby en Wii, el plataformeo de Woolly World se nos antoja encantador, divertido y adictivo. Siempre y cuando profundicemos en este particular universo de telas, claro...




Y es que Yoshi's Woolly World no deja de ser un poco más de lo mismo, de lo de siempre; de las plataformas de Nintendo, bien realizadas, bien diseñadas, con un punto de reto pero sin llegar a agobiar al jugador medio; adaptable según la edad del jugador que quiera acercarse a la experiencia. Los más jóvenes podrán disfrutar sin ningún problema de este particular viaje y los más curtidos podrán, en cambio, tomar otro camino: el de encontrar todos los secretos que esconden los amplios niveles del juego, de destripar por completo la aventura y de pulir récords como un cosaco. En nuestra mano está la manera en que queramos enfrentarnos al juego, desestimando las 'ayudas' que de vez en cuando nos sugieren desde el mismo, a través del modo casual y las insignias que canjeamos por gemas; o, por el contrario, aprovechándolas si no somos capaces de superar determinados obstáculos.



En cualquier caso, vaya por delante que el tipo de plataformas que nos plantea Yoshi es el habitual de sus juegos, más pausadas y basadas en la exploración del nivel y en la resolución de pequeños puzles; alejadas de la habilidad con los dedos que demandan los juegos Mario, o la velocidad enarbolada como bandera de Sonic y compañía. De hecho, los diseñadores siguen la misma fórmula que comenzó en aquel ya lejano Yoshi's Story para Nintendo 64, y mejoran la algo irregular experiencia jugable del juego para 3DS. Por fortuna Woolly World engancha más que esfuerzos anteriores, gracias a la inclusión progresiva de nuevas mecánicas, niveles con retos distintos y enfrentamientos con bosses que, aunque siguen estando basados en la habitual secuencia de los juegos de Nintendo, sí nos proponen algunas mecánicas diferentes a lo ya visto, dotándolos así de algo de frescura.



El devenir más o menos pausado del juego se ve intercalado de vez en cuando con niveles cortos en los que tendremos tiempo limitado y nuestro Yoshi sufrirá alguna transformación, como aquellas que se hicieron conocidas gracias al efecto 'morphing' en Super Mario World 2 para SNES. Así, podremos convertirnos en una rápida motocicleta de cross, en un paraguas o en una especie de excavadora en un escenario más contenido y controlado, repleto de bonus varios, algunos enemigos y un tiempo muy, muy justito. Lo cierto es que le otorgan una necesaria variedad al conjunto, resultando un pequeño soplo de aire fresco en nuestra partida. Gracias a la compatibilidad con los Amiibo, a la cantidad ingente de secretos escondidos, y a poder jugar con un amigo, lo cierto es que la experiencia se torna en partidas muy divertidas y excitantes, ayudadas sin duda por un apartado técnico audiovisual más que notable.



Y es que los diseñadores del juego han decidido aprovechar la experiencia obtenida con Kirby's Epic Yarn, aparecido en 2010 para Wii, donde también se experimentó con los tejidos y otros materiales en la concepción de los escenarios y la manera en que podíamos interaccionar con ellos. No es algo nuevo - el propio cartucho para N64 ya nos deleitó con diseños de este tipo, aunque por desgracia suele ser un juego algo incomprendido y muy olvidado por el gran público. Sea como fuere, Good Feel ha aprovechado la potencia de Wii U y sus posibilidades para mostrar gráficos HD, para dotar de un mayor detalle a los gráficos y que así los jugones podamos disfrutar de unos escenarios realmente bellos y muy inspiradores, en los que la lana y el ganchillo cobran vida propia. Los diseñadores se las han ingeniado para otorgarle coherencia a lo que vemos y usan ovillos y bobinas para construir las estructuras por las que deambulamos. Geniales.



Mención aparte merecen los personajes y enemigos que nos encontramos en nuestro devenir. Su animación es fantástica y la manera en que se deshilachan, simplemente genial. Los pelillos del tejido de nuestro Yoshi, el efecto de profundidad de campo, algunos cambios de plano y rotaciones, y algún que otro efecto especial más hacen el resto, adaptando la fórmula a los nuevos tiempos. La banda sonora también es más que correcta y, aunque echamos de menos la interactividad que tenía en el juego para N64, en el que variaba según el estado de ánimo de nuestro protagonista, no podemos menospreciar el trabajo realizado. Son piezas que se adaptan perfectamente a la temática de cada uno de los niveles y que junto, a los sonidillos y las voces que salen continuamente por el altavoz del televisor, dan como resultado un conjunto global muy bueno.



Yoshi's Woolly World es un plataformas de los de toda la vida; de los que no exigen combinaciones complejas de botones y en los que poco, o nada, tendremos que aprender para saber cómo jugarlo. Embutidos en el disco hay un montón de secretos, dirigidos a los más curtidos del lugar que quieran afrontar el reto que se esconde tras los graciosos muñecos de lana; pero aquellos menos habilidosos o que simplemente quieran tomarse la partida de forma más relajada, podrán disfrutar igualmente. Dotado de un apartado artístico original y muy trabajado, una jugabilidad sobresaliente, y un carisma del que pocos títulos pueden presumir hoy en día, nuestra experiencia no podía ser más positiva. Gracias por seguir confiando en estos juegos, Nintendo.

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