12 de junio de 2014

Impresiones con Crimsonland, un shooter de perspectiva cenital inspirado en clásicos como Smash TV

Desde hoy mismo 10tons pone a nuestra disposición en Steam Crimsonland, una revisión del juego de mismo título que vio la luz en PC en 2003. Es la primera vez que 10tons pisa Steam y PS4, y lo hace de forma segura, sin asumir muchos riesgos, con un juego sencillo en su concepto y factura técnica, utilizando una obra anterior como base, y presentando pocos cambios con respecto a la misma.



La portada de esta versión de Crimsonland parece una declaración de intenciones, todo un giño, intencionado o no, al primer Doom de IdSoftware, pero no os esperéis nada parecido a la obra de Carmack más allá de dicha portada. En lugar de eso Crimsonland nos ofrece un homenaje a clásicos como Smash T.V., juegazo que hizo las delicias de usuarios de prácticamente toda plataforma viviente durante dos generaciones, la de los 8 y los 16bits, al tener entregas en su día para salones recreativos, Amiga, Amstrad CPC, Commodore 64, Game Gear, Master System, Megadrive y ZX Spectrum, y posteriormente versiones descargables para sistemas IOS y el bazar de la XBOX 360.



Para los que no conozcan el juego de Midway y Williams que vio la luz en su versión arcade en 1990, a parte de recomendar encarecidamente un contacto de primera mano con dicho clásico de la historia del videojuego, comentar que este Crimsonland copia su desarrollo jugable. El juego nos posiciona en una vista cenital de nuestro protagonista, con una cámara bastante lejana para poder mostrar un buen campo de visión, cosa importante dada la naturaleza del juego. Una vez en dicha vista comienzan a aparecer enemigos continuamente los cuales nosotros, obviamente, debemos abatir sin descanso. El personaje se controla andando hacia un lado y apuntando hacia otro de forma independiente para poder siempre esquivar enemigos y abatir otros en la dirección necesaria a conveniencia. Y esto, básicamente, es la columna vertebral del juego. Tan sencillo como adictivo.




En la parte superior nos encontramos una barra de progreso que se va rellenando a medida que vamos acabando con los objetivos. A veces dichos objetivos son cualquier enemigo que se genera de la nada pero en otras hay bases de las cuales surgen con las que hay que acabar pues, si no terminamos previamente con ellas, no podremos continuar. La pantalla no se limita a lo que se ve en primer momento y podemos desplazarnos a lo largo de los cuatro puntos cardinales pero en ningún momento hay zooms que acerquen o alejen la acción cuando jugamos solos y tan solo hacen su aparición en los modos multiplayer por pura necesidad para no limitar el movimiento de cada jugador de forma independiente. Y es que si bien adolece de ningún modo online, este Crimsonland no renuncia al juego multijugador, hasta cuatro en el mismo ordenador. Aunque si con un jugador a veces el juego se convierte en una locura, imaginad lo que cuatro compañeros al mismo tiempo en pantalla pueden llegar a hacer.



Para darle variedad a un concepto tan sencillo contamos con treinta armas desbloqueables, cinco distintos modos de supervivencia, cincuenta y cinco “ventajas” (perks) que nos irán ayudando a medida que las misiones se vuelvan más complicadas y, por supuesto, los ya totalmente establecidos logros. Los modos, ventajas y logros, se nos otorgan al finalizar una misión. Las armas aparecen en ocasiones al abatir un enemigo y debemos pasar por encima de ella para adquirirla. También de la misma forma los enemigos dejan ciertos items que nos ayudan de diversas formas ya sea congelando temporalmente a los enemigos, generando una explosión, mejorando nuestra arma o cambiándola por otra de gran potencia durante un tiempo limitado... etcétera.



El modo historia, si se le puede llamar así, nos enfrenta a seis capítulos que constan de diez misiones cada uno, jugables en tres diferentes modos de dificultad que se irán desbloqueando a medida que superemos los anteriores. Las primeras misiones son un mero paseo y toma de contacto con el sistema de juego y las armas, pero ya antes de superar la décima misión nos damos cuenta de que el juego no va a ser precisamente un paseo. A medida que avanzamos también van a apareciendo nuevos enemigos. En ocasiones variedades del mismo enemigo con distinto color, tamaño o comportamiento pero en otras enemigos totalmente nuevos pasando de los iniciales aliens a arañas gigantes, lagartos o los socorridos zombis. La factura técnica simplemente cumple. Gráficamente nos encontramos un aspecto visual sencillo con elementos bastante pequeños fruto de la distancia de visionado. En el sonoro nos encontramos unos correctos efectos de sonido sin más y una banda sonora machacona que nos sobrará al poco tiempo de estar jugando.



En definitiva Crimsonland es un juego adecuado para pasar buenos ratos de acción descerebrada solo o en compañía. Recomendable si tenemos pequeños huecos jugables que llenar en esos momentos que no hay tiempo para títulos de grandes pretensiones.

Más info en la web oficial de Crimsonland

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