22 de abril de 2014

Impresiones con Monument Valley, un delicioso paseo interactivo a través de las perspectivas imposibles de Escher

Por lo general el catálogo de juegos que abundan en los dispositivos móviles no destacan demasiado. La mayoría son juegos anodinos sin mucho que ofrecer (aunque se convierten en superventas, eso sí), otros apelan a nuestra nostalgia cubiertos por una capa pixelada vacíos de contenido y mayormente injugables, y algunos más tratan de emular a los videojuegos creados para las plataformas mayores quedándose por el camino. Los menos son aquellos títulos que han sido pensados por sus creadores para la interfaz táctil, que combinan viejas y nuevas formas de jugar, sencillos y rápidos pero diferentes. A esta última categoría pertenece por ejemplo Sword & Sworcery, y el juego que nos ocupa, una belleza audiovisual bautizada como Monument Valley que nos ha sorprendido por su planteamiento, ingenioso diseño de niveles y, por supuesto, apartado artístico.


Desde el primer nivel a modo de pequeño tutorial los diseñadores nos ponen las cosas muy claras: Esto nos lo vamos a tener que currar nosotros solitos, sin indicaciones superfluas, no son necesarias complejas instrucciones, todo lo que necesitamos para avanzar está en la pantalla de la tableta (y en nuestra cabeza), y el ambiente onírico forma parte intrínseca de la experiencia del juego. ¿El objetivo? Muy simple, superar cada uno de los niveles llegando desde un punto A hasta otro punto B, jugando para ello con las transformaciones y cambios de perspectiva que podemos provocar en los escenarios, inspirados claramente en las confusas ilustraciones de perspectivas imposibles de M.C. Escher. En el papel de una princesa blanca sin memoria y desorientada, sólo recibiremos los consejos de una especie de oráculo a medida que avanzamos por nuestra aventura. No existen los enemigos, tan sólo una especie de hombres cuervo, negros, que a veces nos impiden el paso y graznan cuando pasamos a su lado. Pobres... Nuestros verdaderos enemigos son los propios niveles, muy sencillos al principio, más complejos al final, y definitivamente muy interesante el que cierra el juego. Puede que echemos de menos una mayor duración de Monument Valley, tan sólo diez fases (divididas en diferentes secciones, eso sí), saben a poco, pero afortunadamente los chicos de USTWO han prometido más niveles debido a la demanda existente.

Esta especie de oráculo nos proporciona pistas para
hacernos una idea de la historia que rodea el juego


El funcionamiento es muy simple. Con nuestros dedos podremos rotar ciertas partes del escenario, moverlas, empujar o tirar... en fin, hacer todo lo necesario para que nuestra protagonista pueda seguir su inexorable camino a través de este valle de Monumentos repletos de secretos y una historia tan triste como trágica, y que iremos adivinando poco a poco. Algunos de estos niveles son excepcionales, una auténtica obra maestra del diseño, como la especie de caja de música que se abre, gira, se solapa sobre si misma al modo de aquellos libros tridimensionales. No queríamos terminar nunca, cada nuevo giro producía una sensación de plenitud y objetivo logrado que sólo es equiparable a cuando descargamos adrenalina en algún arcade de toda la vida. Curioso como dos géneros y planteamientos tan distintos terminan por ser de algún modo tan parecidos... Nosotros lo hemos jugado en un iPhone, y aunque se deja jugar bastante bien, es cierto que en ocasiones se echaba en falta algo de precisión en según que acción queríamos ejecutar en pantalla, precisamente por el reducido tamaño del elemento a empujar, rotar, etc. En una tableta iPad 2 (no es compatible con la primera versión por desgracia), y aún mejor, en un iPad con pantalla retina, el resultado es asombroso, gracias a sus gráficos surrealistas y oníricos.

Los cambios de perspectiva y las escaleras son elementos
recurrentes para superar niveles

A decir verdad, resulta curioso como unos personajes en principio tan anodinos, empatizan rápidamente con el jugador, de manera muy similar a lo que ocurre por ejemplo en el tremendísimo ICO o en la serie Zelda. Un poquito más adelante nos serviremos de la ayuda de un tótem que se mueve a voluntad y que a pesar de sus efímera existencia sentiremos mucho desprendernos de él un poco más adelante. Lo sentiremos de verdad. Puede que sea su personal diseño, las animaciones tan sutiles como bien realizadas, o el entorno que nos rodea, o la banda sonora que nos acompaña, también perfecta y que está salpicada aquí y allá con texturas ambientales sugerentes, pero es que el conjunto termina por funcionar, las piezas encajan: es divertido, promueve personajes interesantes e incluye un apartado técnico sobresaliente. ¿Qué más se puede pedir?

El diseño de niveles es excepcional

Al final el único 'pero' lo pone su duración, muy escasa, apenas una hora en total a poco que nos entretengamos en un par de niveles algo más complejos que el resto. La imposibilidad de morir, y una curva de dificultad que no termina de empinarse, provocan que Monument Valley sea más bien un paseo, espectacular, eso sí. Puede que los nuevos niveles prometidos ayuden a paliar este problema, aunque mucho nos tememos que tendremos que pasar por caja nuevamente, pero en cualquier caso es solo una pequeña mancha en un expediente prácticamente inmaculado. Monument Valley es una experiencia jugable y audiovisual que no deberíais dejar de probar. Disponible por ahora en dispositivos iOS, se espera para finales de mayo la versión Android y la publicación de la esperada banda sonora.

Más info en la web de Monument Valley

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